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14 de mayo de 2013

Divertimento nº 2

"A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saber decidirse por las más hermosas".
Maurice Maeterlinck, escritor belga.





(A mi amigo José Manuel, mi 'muso' involuntario).


Madrid, fin del encuentro bilateral hispano-alemán. 
En la rueda de prensa posterior una avezada periodista se dirige a la canciller alemana en los siguientes términos:

-¡Cancillera, cancillera!, ¿cuál es su color favorito?
-¡Ah!, hummm... ehhh... el 
¡'ROJO MARIANELLO'!
-Disculpe, querrá decir el 
'ROJO MARANELLO'...
-¡Oh! Esto... sí, claro, ha, ha ha, ¿en qué estaría yo pensando?

Y ahí se acabó la susodicha rueda de prensa. Dicen las malas lenguas que ambos dirigentes, español y germana se despidieron a la francesa, más colorados que un tomate italiano, dejando a toda la audiencia periodística retorciéndose en el suelo de risa, aunque esto último está sin confirmar, todavía siguen allí. 
¡Ay!, me parto y me mondo, y sé (porque si estáis por aquí se os presupone un cierto nivel de inteligencia) que vosotros también, e incluso me atrevo a decir que a más de uno se le ha escapado alguna furtiva lágrima. ¡¿A que sí?!


video
'Una furtiva lágrima'.

Una furtiva lagrima
negli occhi suoi spuntò:
Quelle festose giovani
invidiar sembrò.
Che più cercando io vò?
Che più cercando io vò?
M'ama! Sì, m'ama, lo vedo. Lo vedo.
Un solo istante i palpiti
del suo bel cor sentir!
I miei sospir, confondere
per poco a' suoi sospir!
I palpiti, i palpiti sentir,
confondere i miei coi suoi sospir...
Cielo! Si può morir!
Di più non chiedo, non chiedo.
Ah, cielo! Si può, Si può morir
Di più non chiedo, non chiedo.
Si può morir, Si può morir d'amor.
     
Una furtiva lágrima
De los ojos suyos brotó,
Aquellas alegres jóvenes
ella envidiar pareció.
¿Qué más voy a buscar yo?
¿Qué más voy a buscar yo?
Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo.
¡Un sólo instante el palpitar
de su hermoso corazón sentir!
Mis suspiros confundir
casi con su suspirar.
Sus pálpitos, sus pálpitos sentir,
confundir nuestro suspirar...
¡Cielo! ¡se puede morir!
Más yo no pido, no pido.
¡Ah Cielo! Sí puedo, sí puedo morir!
Más yo no pido, no pido.
Se puede morir, ¡Se puede morir de amor!
Donizetti.
El número más célebre de la ópera cómica L'elisir d'amore, compuesta en 1832 por el prolífico músico italiano Domenico Gaetano Maria Donizetti, quien fue apremiado a realizar este trabajo en el plazo de ¡dos semanas!, lo cual no fue impedimento para cosechar uno de los éxitos más grandes de la historia de la ópera.

Nemorino, un pobre campesino -encarnado en esta versión por el gran tenor Luciano Pavarotti- es engañado por el doctor Dulcamara, un charlatán que le vende un falso elixir de amor a fin de poder conquistar a la bella y rica terrateniente Adina. Viendo que el efecto no sólo no ha sido el esperado sino todo lo contrario, pues la bella dama se promete con el Sargento Belcore, el ingenuo Nemorino decide alistarse en el ejército con el fin de obtener dinero para comprar más elixir. Paralelamente en la localidad corre la noticia de que Nemorino ha heredado una gran fortuna de un tío recientemente fallecido, con lo que las muchachas del lugar no tardan en procurarse sus favores, halagándole con coqueteos e interesadas muestras de amor, lo cual él cree un efecto del mencionado elixir de amor.


Naturalmente, y como de costumbre, omito el final de la trama, del que sólo puedo decir que es, cuanto menos, sorprendente.

Y sorprendente os parecerá que el principio de este divertimento tiene su origen en la compra de ¡un camión!

Un camión de color ROJO MARANELLO

Creedme.

O no.







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